“La vida es una selva salvaje, el hombre se pierde en ella. Pero su mente reacciona ante esa sensación de naufragio: trabaja por encontrar en la selva “vías”, “caminos”; es decir: ideas claras y firmes sobre el universo, convicciones positivas sobre lo que las cosas son y el mundo. No podemos vivir humanamente sin ideas.
Cultura es el sistema vital de las ideas en cada tiempo. El hombre medio es inculto. Este personaje medio es el nuevo bárbaro, retrasado con respecto a su época, arcaico, primitivo.
Este nuevo bárbaro es principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también.
En el libro de un pensador chino, que vivió por el siglo IV a.C., Chuang Tse, se hace hablar a personajes simbólicos, y uno de ellos, a quien llama el Dios del Mar del Norte, dice: “¿Cómo podré hablar del mar con la rana si no ha salido de su charca? ¿Cómo podré hablar del hielo con el pájaro de estío si está retino en su estación?¿Cómo podré hablar con el sabio acerca de la Vida si es prisionero de su doctrina?” Quien no posea la idea física, la idea histórica y biológica, ese plan filosófico, no es hombre culto.
La sociedad necesita buenos profesionales-jueces, técnicos-y por eso está ahí la universidad. Pero antes necesita asegurar la capacidad en otro género de profesión: la de mandar. Y por mandar entiendo la presión e influjo difusos sobre el cuerpo social”.